viernes, 29 de mayo de 2009

Pero cómo es posible que haya habido tantas guerras en el mundo, si el hombre nunca quiere discutir…


Nota aclaratoria: Lo que escribo a continuación es de carácter genérico. Todo amigo que lo lea que no se dé por aludido, que siempre hay excepciones. En todo caso, si se da por aludido, por algo será….

En estos días tengo muchas charlas con mis amigas sobre sus relaciones con sus amantes, novios o más que amigos. Todas coinciden en lo mismo. El hombre no quiere, no sabe o no puede discutir. Todos coinciden en que no les gustan las disputas; intentan aparentar que no pasa nada, crean el largo camino de la distancia, aprietan el botón de la desconexión y provocan sus grandes momentos: el tiempo del silencio.

En fin, escuchando estas cosas llegó a la conclusión de qué el hombre es tan irracional como la mujer. Nosotras, casi todas, reconocemos nuestro punto de locura. Puede llegar a ser dramático, pero a pesar de ello, incluso nos reímos. Somos plenamente conscientes de nuestra histeria, nuestras inseguridades, nuestras debilidades, nuestra constante necesidad de cariño. Y, para más inri lo confesamos todo. Parecemos perros de agua… hasta que la insatisfacción y la decepción nos convierten en mastines rabiosos.

Bueno, el caso es que de las incongruencias de las mujeres se ha hablado y mucho. Tanto que las tenemos interiorizadas. Pero y el hombre¿?… de verdad que no me lo explico.

No tengo ni cultura, ni capacidad memorística para enumerar la cantidad de guerras que ha habido en este mundo…. Está claro y es un hecho que, por imposibilidad histórica, la mujer no las ha iniciado. Así que, ellos y sólo ellos son los promotores de estas guerras. Y ¿cómo es posible? Si no les gustan las peleas.

Todos o casi todos creen en la comunicación y en la sinceridad. En esto creo que mujeres y hombres debemos interiorizar estos conceptos de forma inversa. Mientras que nosotras no paramos de parlotear sobre nosotras, nuestro interior, nuestro estado emociona. Ellos balbucean frases cortas, desconectadas entre sí, con una pereza. Y yo me pregunto: pero, ¿Cómo es posible que estos señores hayan sido capaces de crear infinitos organismos locales, regionales, nacionales e internacionales, cuya única finalidad es el debatir? También es un hecho, por la misma razón anteriormente citada, que estas ilustrísimas instituciones no son producto de las mujeres., aunque nos hubiese encantado.

SINCERIDAD. ¡Guau! Qué término. Nos lo piden por activa y por pasiva…y tontas de nosotras lo creemos, peor todavía, lo ofrecemos. Pero, por favor. Intenten recordar todos esos momentos en los que el hombre se ha sincerado y con elocuentes argumentos han explicado cómo se sienten, qué les preocupa, qué les molesta, etc. etc. etc. ¿Cuánto duran esos momentos? Cuántas de nosotras podemos hablar de situaciones como:

Ella: ¿Qué te pasa?

Él : Nada

Ella: ¿Seguro?, te noto extraño

Él: No nada, estoy cansado..

Ella: ¿Sólo es eso?

Él: Qué no me pasa nada (se está irritando). Me pasas el pan....( no es una pregunta, no te confundas)

Después de unos meses- o a lo peor- unos años, te enteras, por un descuido de él, de que ese día estaba molesto contigo porque no le prestaste la suficiente atención o estaba celoso por un gesto de cariño tuyo a otro, o vaya usted a saber, porque a estas alturas tú ya te has olvidado de ese día. Te entra unas ganas enormes de abrazarle por ese descuido de sinceridad....

Somos unas agobiaderas e insistimos e insistimos y si no nos gusta una frase y un gesto, nos entristecemos y pensamos en ello y pensamos y pensamos ¡Buf, qué cansino! Ya… El hombre no, ¿Verdad? No le da importancia a nada de esas boberías. Si no contestas un mensaje, ¿no se pone nervioso? Si no estás igual de cariñosa ¿No pasa nada, no tiene que ver con él? Si estás silenciosa ¿No te agobia a preguntas?…No, definitivamente el hombre no cae en esas tonterías Nooooooooooo… ¿VERDAD?

La mujer siempre inicia las peleas. Bueno, la verdad es que como señala el dicho es que ‘Somos de armas tomar’- aunque las guerras no hayan sido producto nuestro- Pero, ¿Cómo comenzamos la discusión? ¿Entran por la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja, encantados de ver tu bella cara y empezamos a gritar como locas? Desde luego que en casos excepciones de locura irremediable, Sí, así sucede. Pero ¿De verdad la mayoría de las veces comenzamos así una peleíta de enamorados? Ellos no hacen nada, no hay gestos, ni frases dañinas, ni nada fuera de lugar, ni na de na. En fin, pues tampoco entiendo por qué ha habido tantos conflictos diplomáticos entre países por gestos chorras. ¡Ah! Ya sé, es que el mundo diplomático está lleno de mujeres.

Y los silencios y las distancias. En eso sí que son unas máquinas y nosotras unas novatas en pañales. Pero cuando conseguimos imitarlos, sólo unos segundos,…. ¿No notan los nervios masculinos? Pero, por favor en qué quedamos…

De verdad que estoy confusa porque si el hombre es tan pacifista, comunicativo, reflexivo, sincero y cuidadoso, no entiendo, pero nada, el por qué este mundo ha crecido a base de conflictos. Será que detrás está la mujer incitando e incitando. Como dicen que detrás de un gran hombre hay una mejor mujer… ¡Mira que somos malas!

Las mujeres somos insoportables. A veces hay días que ni yo me aguanto, hasta tal punto que tengo ganas de darme vacaciones. Pero, por favor, otro dicho: Ellos ‘p’ comer a parte’.

No voy a hablar de la dudosa creencia esa que dice que los hombres carecen de defectos muy femeninos, como: el critiqueo, chismorreo, la hipocresía, intención de venganza, coqueteo…Y, es que intento ser ocurrente y arrancar sonrisas, así que no me voy a meter en fanguitos.

Bueno, esto es un guiño para todas las amigas peleonas. Un poquito de calma, que a ellos no les gusta la guerra. Y a mis amigos, un poquito de coherencia, que lo que nos vuelve locas son las contradicciones.

A ver si un día hacemos un experimento, nos ponemos de acuerdo y cambiamos los papeles. ¿Cómo sería ese día? ¿Pueden imaginarlo? Tendré que pedirle ayuda a mi amiga Mapi, la artista, porque eso de actuar se me da fatal.

Mucha paz, diálogo, comprensión, y mucho cariño, pero mucho, entre hombres y mujeres…


miércoles, 20 de mayo de 2009

A ver qué sale....

Llevo semanas pensando sobre el tema en el que me iba a centrar para mi última entrada. Decidí que,  tras el comentario de mi amiga Anita sobre mi falta de optimismo, tenía que hacer referencia a todo aquello que me arranca una sonrisa, una risa, una carcajada. Entonces me dediqué a anotar en mi retahíla de libretitas, que caen por sorteo un día sí y el otro también en el bolso, cualquier imagen que me alegrase. Pero he tardado desde la intención hasta el ahora, tanto, que para esta entrada he ido mentalmente cambiando los temas en función de mis pequeñas vivencias:

Anotación 1: Para Ana, escribir sobre las pequeñas cosas imperceptibles que  vivo, que observo y que aprecio. Sobre la felicidad. Mi felicidad.

Anotación 2: Escribir una larga disertación sobre la agresiva y larga entrevista de trabajo que tuve la semana pasada.  ¿Estoy preparada para volver al sistema? ¿El sistema debe ser el sistema?.

Anotación 3: Plantear un debate sociológico sobre la funcionalidad de las quejas razonadas en referencia a la ineficiencia, la ineptitud o el desinterés en los servicios públicos y privados.

Anotación 4: Reflexionar sobre reflexiones de otros.

Esto del blog se ha convertido en una pequeña autotiranía. En esta época mía de reciclaje- que no sé si está durando mucho o poco, que no sé si ya es a elección o por imposición- me paso los día pensando en el tema siguiente. Hay tanto de que hablar. Unos días me digo que lo hago por gusto, placer, que no tengo obligación y que si no me apetece, el blog se puede ir al carajo; otros, me digo que es una manera de mantener mi cabeza y mis dedos en funcionamiento, no vaya a ser que pierda la costumbre y, en ese día que deba volver a utilizar estos miembros para ganar dinero, no me acuerde de cómo funcionan; y otros, lo hago porque mis queridos me recuerdan que llevo tiempo sin escribir.  Esto me llena de orgullo.

Así que hoy, con un calor espantoso en la calle y un agradable confort en casa, decido servirme un vino, fumar un cigarro- perdona mi amor, perdona, mañana lo haré mejor- (Es que mi lagartija está de viaje y le prometí que en su ausencia dejaba realmente el tabaco, pero resulta que sin su presencia soy más débil). A lo que iba, que me disperso. Decía que: así que, hoy vamos a ver qué sale….

Como buena periodista, o casi, empecemos por el final. Las reflexiones de otros:

Anotación 4: Últimamente cojo la revista de El País para que me acompañe en mis paseos en metro- cada vez son más largos- con ello, consigo por fin terminarlas y aprender de otros. Al principio las leía intentando anotar mentalmente frases o nombres que me parecían curiosos. Ahora, llevo un bolígrafo y marco los párrafos interesantes a la vez que doblo las páginas. En un gran y amorfo círculo detallo dentro un: bueno, interesante, para recapacitar, en relación a las frases estrellas que leo. Para la próxima semana estoy pensando en llevar posits de colores acompañando a las revistas.  En ésta, estoy marcando un montón de frases. ¡Hay que ver la de gente inteligente que escribe por el mundo!

Hay un reportaje de Sonia Pulido que titula: ‘Si sabe sufrir, sufrirá mejor’. Merece una entrada para él solito. Pero que sepas Anita que me ha hecho sentir sana y coherente conmigo misma, cuando escribo sobre mi sufrimiento. Dejamos pendientes las reflexiones para esa futura entrada. ¿Vale? Como en los culebrones, con intriga…

Un apunte. Este mismo número contiene una entrevista realizada a Álvaro Uribe. La periodista, casi al final, tras una pregunta incomoda, anota la reacción del presidente '(Levanta muchísimo la voz)'  Ósea, que grita, pensé. Efectivamente, la sutileza se le olvidó unos párrafos más abajo, constatando con un '(grita aún más)'. Quedó claro.

Anotación 3: las quejas. Un día pasado fui a Zara a cambiar una camisa que me compré para la dichosa entrevista agresiva y que al final no me puse. En fin, me harte tanto de esperar un día entre semana en un Zara de seis plantas, a las doce del mediodía, para que me atendiesen, que tuve más paciencia todavía en esperar para que me diesen la hoja de reclamaciones. Una señora más furiosa que yo decía que no servía para nada. Yo, sin ánimo de llevarle la contraria, pero haciéndolo, le contesté que si todos reclamásemos y nos quejásemos sobre las cosas que no estan bien hechas, puede que sí sirviese para algo. Bueno, yo esperé y presenté mi reclamación. Me fui encantada, la encargada también estaba encantada porque según ella si hubiesen más quejas habría más personal, y la señora, tras comprar se fue igual de cabreada. El planteamiento es muy simple, de verdad demasiado simple, pero ¿cómo empezaron las mejores revoluciones?

Anotación 2: Tras salir de una  larga y dura entrevista de trabajo, que no busqué, mi indignación decidió por mí que escribiría una más larga disertación sobre el ridículo sistema de dime qué fantástica profesional eres, eres la mejor, eres la número uno...- esto lo marco en rojo porque dicen que es un color agresivo y así se entiende mejor la intencionalidad; también porque se lo he visto a una estupenda bloguera que está censurada por algún idiota y suelo copiar, que no plagiar, las buenas ideas. A lo que iba, pues que no…que no me voy a parar mucho en esto. La entrevista fue una experiencia que me recordó el por qué yo dejé atrás todo lo que no me gustaba. (Dicen que eso es tener valor, yo lo hice más bien por miedo)

La entrevistadora increpaba mis silencios, pero continuamente interrumpía mis exposiciones. En fin. En vez de una entrevista parecía una clase magistral en exclusiva para mí, gratuita y obligada de cómo debe presentarse uno a una entrevista de trabajo.  Bueno, me despedí de la querida maestra explicándole que prefería no aprender cómo debo ser, no vaya a ser que guste con el disfraz y tenga que representarlo cada día de mi vida para tener un trabajo.¿Imaginan?, olvidaría quién soy, como los hombres grises de Momo.

Anotación 1: Anita, he escrito esto en tres o  cuatro libretas que iba metiendo en el bolso. Apunta:  Imágenes de los atardeceres de Madrid en los paseos en moto; una batukada improvisada por Fuencarral en la que los ágiles enseñaban con tierna paciencia a niños bien torpes; Una mariposa roja colgada de la espalda; la noche en el mercadillo medieval- una buena iniciativa de triball- pequeñas hadas y troncos sonrientes;  quesos y quesos pa casa; sonidos perdidos de acordes de guitarra…de una gaita; toreros coloridos y brillantes reunidos frente a un hotel; el beso de una pareja; un concierto recordando a The Doors- muy bueno- ofrecido por El Irlandés; unos recién casados escuchando una traviata- de los mejores regalos de boda que ofrece un estupendo amigo; velas, aroma y buena música; Una sabia y descarada  desconocida encontrada al azar http://distanciasmuycortas.blogspot.com (tengo que aprender esto de los enlaces); una larga llamada de mi adorable amigo; un bebé en camino- no es mío-; Jazz en la paquita; orgasmos, buenos, muy bueno, geniales, estupendos, y si no, divertidos;  los te adoro de Ara; los te sigo de Ana; la visita exprés de Leti; la otra visita exprés de María; las llamadas de mi lagartija; los mensajes de mi lagartija; los te quiero de mi lagartija; los te echo de menos de mi lagartija, la cara de mi lagartija frente a los churros.

Hay más, pero ya sabes que en Internet debes ser todavía más conciso que en papel, por eso del aburrimiento, ¿A qué ya te has aburrido?

Dibujé una cosilla para este blog, pero es que no consigo que el escáner se alié conmigo, así que esperaré a mi lagartija para poner una imagen.

Por cierto. En relación a las quejas (anotación 3) estoy pensando  en hacer un blog que se llamará hartadera.com. No lo copien ¡eh! Confío en la buena fe.

Por cierto II. En relación a la entrevista agresiva (anotación 2). Sigo necesitando trabajo, pero que se abstengan las grandes empresas de recursos humanos autodenominadas cazatalentos. Gracias, pero para eso prefiero carecer de él. A los que les guste la creatividad, la fantasía, la intensidad, aprender y aprender y disfrutar aprendiendo, ya saben: busco trabajo, cometo errores y aprendo de ellos.

Y esto es lo que salió…..largo eh!

Pd: la elección de los colores para cada anotación es intencionada. En el rojo he dado una pista... ¿Y los otros? 

Risas, sonrisas, carcajadas para todos

jueves, 7 de mayo de 2009

Un poco más a la derecha

Un poco más a la derecha. No, no tanto. Levanta la cabeza. Un poco menos. Mira hacia arriba. Bien. Pero… levanta un poco la barbilla. Sonríe. Plas!!!


Qué difícil es hacer bien tarea, tras tarea, para que una simple luz de segundo  acabe con incesantes intentos que únicamente buscan, momento tras momento, una imagen agradable a la vista de tu pareja, y quede así grabada por los siglos de los siglos. Repites, una y otra vez, hasta que finalmente conseguís ese momento, vuestro momento.


A veces, la sensación de inutilidad se va adueñando de ti porque el camino que has elegido para realizar esas tareas y que tanto ha costado de recorrer parece, de nuevo, no ser el correcto. Pero, ¿qué hacer?  Tu cuerpo necesita descanso, tu mente equilibrio y el alma tiene que recomponerse de otro posible error. ¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho esta vez? ¿Qué has dicho? Has hecho todo cuanto estaba en tu mano, has esquivado las impertinencias, has estado atento ante cualquier descuido y los imprevistos que amenazaban han sido lidiados como buenamente has podido. Y de repente, vuelve a aparecer, en un segundo, la luz que te ciega momentáneamente  y te encuentras andando por un camino pedregoso. ¿Es cierto que todos los caminos llevan a Roma? Puede ser, pero no es fácil.


¿Cómo no morir en el intento de enamorar?, ¿dejándote enamorar sin dejarte llevar? Todo hay que pensarlo ¿Por qué? ¿Por qué empecinarse en esperar la siguiente caricia cuando ni siquiera se ha disfrutado de la última? ¿Por qué pensar en lo que hay fuera si ni siquiera conoces lo que hay dentro? ¿Por qué empeñarse en tergiversar las cosas? Me tachan de persona rara, pero cuando digo quiero esto, quiero esto. Cuando digo que necesito cinco minutos, no necesito todo el día, solo cinco minutos.  Cuando digo llamaré en cuanto acabe, llamaré, pero cuando acabe.


Da igual lo que hagas, como lo hagas, al final siempre aparecerá una dichosita luz que estropeará todo y vuelta a empezar. Una simple frase, un mal comentario, una mirada perdida que puede oscurecer el placer de amar para convertirlo en una picadura dolorosa y, a veces, hasta venenosa. Da igual cuáles eran tus intenciones porque se convertirán en sus intenciones, da igual el tiempo que dediques porque nunca será suficiente, da igual los besos que regales porque no irán precedidos de algo más, y al fin y al cabo, aunque hagas el amor y sientas que estás dentro de la persona que amas y le traspases  tus más íntimos sentimientos, verás que, en cuestión de segundos, una nueva luz ofuscará lo que momentos antes os llevaron a la cima del placer y del éxtasis.


Qué difícil es hacerse entender y que fácil lo ve uno mismo. Que fácil sería intentar comprender a la otra persona cuando crees lo que dice, sin avisos, sin toques. Si es blanco es blanco, no es gris y por mucho que se intente ver de otro color, sigue siendo blanco. Qué fácil sería reír y ser el mejor amigo todo el tiempo, sin roles, sin trampas, lo bueno y lo malo, la verdad. Intentar comprender, pero lo complicamos tanto, que en vez de hacer esto exigimos explicaciones, detalles que cuadren en nuestro subconsciente, sin traspasar la línea, sin alterar palabras que acaben en remolinos.


Aquel que opine que se puede fingir hacer el amor es que todavía no ha aprendido a amar. Amar no tiene reclamos ni peticiones, simplemente es un desbordamiento de sentimientos cual menos altruista. Qué complicado lo hacemos. Qué fácil debería ser cuando quieres.


Por todo ello, es más fácil mortalizar un momento sin ser avisado y dejando que la naturalidad hable por sí misma que tener que esperar la puñetera lucecita.


***Escrito por  ingravito en una noche de insomnio****

martes, 5 de mayo de 2009

Yo no tengo la culpa ¿no?

El domingo de este largo fin de semana fuimos a El Retiro con la intención de disfrutar de la prensa. En domingo, me apasiona leer El País y me apasiona más si en ese domingo luce el sol. Siento una cierta envidia por la forma de escribir de esos contadores de historias.

Yo andaba ojeando páginas del diario y él la revista. Me interrumpió mi lectura para pasarme un párrafo de un reportaje ‘Hogar dulce hogar ¿o la peor Pesadilla?' de Borja Vilaseca. Decía así: ‘’Después de demasiados años compartiendo piso con nuestra familia, muchos nos independizamos algo resentidos, saliendo por la puerta de atrás. Y al encontrarnos cara a cara con nuestra propia vida, no dudamos en culpar a nuestros padres y hermanos por nuestras lagunas afectivas, nuestras inseguridades e incluso por la rabia que experimentamos al ver cómo el conflicto y la insatisfacción siguen protagonizando nuestras relaciones más íntimas’’.

En ocasiones, creo que demasiadas, me refugio en esa inaceptable conclusión para justificar mi esencia, autoengañándome, plenamente consciente de que soy la única responsable del mal de mi vida.

Yo, como recomienda Vilaseca, hace tiempo que fui lo suficientemente consecuente para dejar de imputar a mi pasado mis actos presentes, mi talento y talante, o falta de ello, en mi relación con el mundo. Sin embargo, es más fácil culpar a otro ¿no? Siempre es más fácil responsabilizar a otros ¿no? El carpetazo es más limpio.

También me justifico preguntándome por qué voy a ser yo diferente si en muchas charlas descubro a diversos culpadores del pasado argumentando la amargura de su presente. Otro gesto fácil.

Gracias a estos culpadores del pasado, al verme en un espejo, aterrada retomo el argumento ‘de tú eres producto de ti mismo’. Intento no olvidarlo, no me presiono y, si un día caigo en ser un culpador del pasado, no me angustio, me abandono a ese sentimiento, prometiéndome que mañana volveré a ser producto de mi misma. Me doy licencia para un día de autocompasión, pero no más, ya que, entonces, sólo yo seré culpable del desagrado de mi hoy.

Por otro lado, caprichosamente también responsabilizo a mi pasado de las alegrías de mi presente. ¿Por qué no? Soy producto de mi misma ¿no? Así que, puedo hacer lo que me venga en gana y crearme como quiera utilizando y desechando lo que me apetezca.

La mayoría de los días me gusto, porque disfruto lo que han hecho conmigo aquellos que me han querido y me quieren.

Gracias a: Pedro, Ara, Cristina, Mavi, Virginia, Leila, Mapi, Aubin, Ratita, la Negra, María, Maricarmen, Las Evas, las Nurias, las Martas, las Elenas, las Arantxas, las Anas, los madrileños, los asturianos, los cántabros, los vascos, los alicantinos, los londinenses postizos, los canarios, los pasados, presentes, futuros y a Julio.  Mi pasado con ellos me hacen crear un buen presente y desear un mejor futuro.

Gracias a esos pasados, que intento conservar cada día con ternura, amor y respeto, - en ocasiones con gran torpeza- cuando tengo días por culpar al pasado, ellos me dan ánimo para  vivir, no malvivir, mi yo presente.

**Sulferilla, va por ti**

domingo, 12 de abril de 2009

Estupideces compartidas

Frases inoportunas, palabras exageradas, empeños, estúpido orgullo, silencios, huidas, insultos. Cualquier gesto puede dar un vuelco gigantesco a la situación y lo que parecía eterno se esfuma en menos de un segundo. Ya no existe.

Recuerdas la calma inmediata, las risas, el cariño, pero la ira no te deja recobrar ese estado. La ira, el desprecio, la rabia te impulsa a utilizar alguna frase más inoportuna todavía, palabras más exageradas, empeños más obsesivos, reestúpido orgullo, silencios más profundos, huidas más largas e insultos más dañinos. De vez en cuando, en medio de ese torbellino, la cordura te da un toque en el hombre e intentas reconducirte, pero cualquier otro gesto sin mucho esfuerzo te devuelve a la familiar ira.


Ya no te importa sobre que discutes. El objetivo a esas alturas es la posición en la que te quedas. Para quedarte en ella, rememoras la última frase que te ha indignado. Así de fácil le das una hostia de tres pares de narices a la cordura.

Otras veces te quedas a la espera, dejas en paréntesis tu cordura y tus disculpas y esperas a que venga el juicio ajeno, porque estás en el convencimiento de que otros también deben aprender a escuchar a su cordura y practicar el deporte de las disculpas.

Estás deseando que llegue ese momento para darle la bienvenida a la ternura, a la paciencia, a tu propia disculpa y, acompañados de todos, comenzar a describir lo que echabas en falta la calma inmediata, las risas y el cariño.

Deseas contar que la otra noche soñabas haciéndole el amor y que cuando despertaste no podías creer que el sueño no fuera una realidad, que en la cama estaba sola, mientras la ira se escurría por las sábanas.

Sigo esperando para comenzar a besar

martes, 24 de marzo de 2009

Tareas pendientes

Últimamente en mi mail diario siempre digo: Hoy voy a seguir con mis tareas pendientes. Desde que no tengo otras labores, mis obligaciones son las tareas pendientes. En muchas ocasiones, me excusaba para no cerrar esos capítulos en espera. Muchos tenemos esta manía: explicarnos a nosotros, y de rebote a otros que lo quieran escuchar, el por qué no llegamos a retomar esos asuntillos que son tan importantes. Es que la falta de relojes te los aparca.

Yo ya no tengo muchas excusas y explicaciones, así que he decidido seguir con mis tareas pendientes. No siempre termino todo lo que empiezo, ni si quiera sé cuál es el orden de importancia que le doy a las cosas para finalizar algunas y dejar en el olvido otras. Desde luego que las que termino no son más importantes, así que lo simplifico y sencillamente lo calificó como un comportamiento caprichoso.

Estoy de visita en uno de mis antiguos hogares. He intentado forzar la memoria para contabilizar cuántos hogares he tenido. Llego a recordar once casas; cinco lugares de paso y cinco hogares; uno de ellos, a veces, tiranamente se transformaba en una casa vulgar o en una cárcel. A ese no vuelvo más. En cambio, adoro éste: el hogar en el que estoy de visita. Sigue con el aroma con el que yo lo dejé. Hecho por mí y para mí.

Me he puesto a buscar una de esas tareas pendientes. Sin pensarlo, he escudriñado bajo la cama de mi infancia para abrir cajas abandonas y recuperar algunas de mis tareas pendientes: cartas, infinidad de cartas escritas para nadie. No están escrita por mi puño y letra, pero son mías. Desde que se convirtieron en herencia, pasaron a formar parte de mi lista de tareas pendientes.

Nunca o casi nunca he hecho algo sin buscar un fin. Cuando subía una montaña, tenía la intención de llegar a la cima; cuando camino por Madrid, siempre voy directa a un destino. Otra cosa es cuando llego. Puede que no haga nada y me de la vuelta, pero si no tengo un destino no doy el primer paso.

En cambio, ahora no tengo ni idea de la finalidad que busco al rescatar esta tarea, pero ya me he hecho un esquema mental sobre los pasos que voy a dar con las cartas heredadas escritas para nadie.

En este hogar sigue esperando en otra caja- ésta más grande y más inalcanzable, puesto que está en el altillo del armario- otra tarea pendiente. ¡Vaya por Dios!, también otra herencia. En esta ocasión se trata de un libro sin encuadernar. En la primera cuartilla, mi abuelo me traslada su propia tarea pendiente de publicarlo. Ésta tendrá que esperar, no sé cuánto tardaré en cerrar la otra, ni siquiera sé si el despótico capricho me permitirá hacerlo. Seguirá en la dichosa lista hasta la próxima visita a mi penúltimo hogar.

He guardado las cartas para nadie en una carpeta que le regaló un saharaui a mi amigo del alma- siempre le sustraigo algo, convencida de que no lo echa en falta- y estoy dispuesta a hacerlas viajar hasta mi recién estrenado nuevo hogar que le ha dado por trasladarse al Puente de Vallecas.


Sigo con tareas pendientes: asuntos inacabados, visitas que no se han realizado o conversaciones que no han tenido lugar. Todavía no sé dónde ubicar este relato. Creo que anotaré la decisión en mi lista de tareas pendientes

martes, 24 de febrero de 2009

Los amantes del escalón

Estaba allí, solo. Rodeado de extraños que se contaban mentiras.
Mentiras para convencer, mentiras para convencerse. Y, en medio de todas esas mentiras, descubrí la gran verdad de mi vida: nunca había amado.
Ya que hablamos de verdades y, para no acudir más a la mentira, la verdad es que tal cruel realidad se me presentó una hora antes cuando de camino a casa vi una pareja besándose. ¡Qué beso! La pasión y el amor desbordaban de sus labios. Ella, subida en un escalón, había dispuesto sus labios a la misma altura de los de él. Él, no creo que se hubiese dado cuenta.

Desde aquel trivial momento, algo sacudía mi interior. Momentos de pasión, había tenido miles. Pero, aquello no era pasión, era entrega, era amor. ¿Cómo es posible que nunca me hubiera dado cuenta? Treinta y tantos años es mucho tiempo para no verlo.

¿Cuál era la razón de esto? Había tenido varias parejas. Una en la actualidad. Muchas amantes. Pero, nunca había amado. Amado sin condición, sin razón, sin motivo, con total entrega. Puede que tan solo me estuviese engañando. Aquella pareja no se amaba…Pero eso no alejaba la realidad que había alcanzado: yo nunca, nunca, había amado. ¿Era un monstruo? No podía ser. Recordaba tantos momentos en los que me sentí enamorado. Y, tantos y grandes besos. Besos, que marcaban diferencias, sabrosos, como el mejor de los banquetes; dulces; húmedos, pero no aquel que había visto; aquel a dos alturas que ubicaban los labios a una. Aquel no formaba parte de mi repertorio.
¿Y por qué llamarlo repertorio y no llamarlo recuerdo?

De repente, me vi reflejado, no sé dónde, pero todo se me presentó ante mis ojos. Yo había sido un profesional del amor. Había imitado a mis iguales simplemente para no ser distinto. Pero, en realidad tan solo era un actor interpretándome demasiado bien. ¿Serán el resto también actores de la misma comedia?

Recuerdo que una vez…-¡NO!, mentira, al menos dos- en las que una o a dos de mis parejas, en algún momento, me habían dicho: “Tú no tienes sentimientos”. Y, si uno se enfada cuando le dicen una gran verdad, debería ser yo una de las personas con menos capacidad de sentir del mundo.

Pero, también, recuerdo un millón de ocasiones llorar amargamente al sentirme no querido, sólo, rechazado. No puede ser que sea incapaz de sentir. No puede ser que sea incapaz de amar. Amo tanto, tanto, que de alguna manera me siento el mayor amante del mundo y, a la vez, este sentimiento no contradice la gran verdad que se me presentó no más de una hora antes al ver, durante puede que no más de medio segundo, a los amantes del escalón.

**Texto de Yoyo, la noche del 21 de febrero

Robada a un amigo en un bar envuelto de Jazz

viernes, 20 de febrero de 2009

Desaparecer

‘Que bien te sienta la ruptura porque estas más guapa’. Le miré fijamente y como respuesta le ofrecí una mueca. ‘No. No va a volver, yo no lo haría nunca’. Al recibir ese ¿consuelo? Me apeteció extender la mano hasta el dolor y darle tal guantazo que imaginaba lanzarlo por la barandilla. No lo hice. En su lugar miraba al de la solemne frase que hace una semana me aconsejaba follarme a otro. ‘Inténtalo si quieres, pero empieza a hacer tu vida’. Inmediatamente, los ojos se me empañaron y me negué rotundamente. Me fui a los diez minutos.

‘Tranquila….conmigo’. He hecho caso omiso a otros malditos consejos que he escuchado en estos días. Pero, ése no lo he podido eludir. ‘Tranquila…conmigo’.

Así que la mejor manera de luchar resulta que es estar tranquila con él. Y, para mí estar tranquila con él es desaparecer.

Culpa y rabia, culpa y rabia se alternan caprichosamente en mi mente. Culpa y rabia. Culpa, conmigo. Por flojear, por permitirlo, por permitírmelo. Rabia con él, por forzarme tanto tiempo hasta llegar a flojear, permitirlo, permitírmelo.

Otra frase que he escuchado en estos días y me taladra. ‘No importa cuánto tiempo te hayas esforzado, lo que importa son los últimos días’. Otra verdad como un templo.

‘Esto te hará aprender’. No, ya lo aprendí hace tiempo y es una lección que no me gusta. Que no me parece compasiva con la humanidad. A veces lo he expresado, con otras palabras, con otras reflexiones, muchas, poco entendibles. No importa tus esfuerzos, tu dedicación incondicional, tus desvelos, tu empeño. No importa el tiempo que inviertas con alguien o con algo. Veinte años y flojeas…lo jodes y no hay marcha atrás; Tres años y flojeas…lo jodes y no hay nuevos intentos; un año y medio y flojeas…lo jodes y no se puede enderezar. Esa es la lección: no importa lo que hagas, si al final, lo jodes, con eso te quedas, con una gran jodienda. Bonita lección.

‘Te hará más fuerte’. Y yo me pregunto ¿más fuerte para qué? Para cuando alguien se esfuerce y, a pesar de su empeño, no corresponderle o, peor, hacerlo cuando ya no tiene fuerza para ti. Para cuando alguien la joda, dar la vuelta y largarme. Para dejar de tener compasión, tolerancia, generosidad y comprensión. En fin, supongo que debe ser así. La fortaleza significa dar pasos acojonada, temerosa, con la firmeza de que te van a joder y que no tienes que permitirlo. Con la certeza de que lo van a joder y con la expectativa de que cuando lo hagan, tienes que tener la fuerza para mandar a la mierda todo y no dar más oportunidades. Porque eso, señores y señoras, es ser fuerte. Así que lección aprendida. Entonces, vamos a comenzar a caminar dándole la espalda a todo el que flojea porque está muy cansado de caminar y no sabe o no puede retomar el paso, porque ha corrido mucho y no tiene aliento.

Todas estas solemnes frases me las han expulsados hombres. Las mujeres son más positivas. Me pregunto: ¿Cómo sería Madrid si los hombres pensasen como las mujeres y viceversa?.

Últimamente, Madrid sin Amor está cargado de virus. Soy mujer, así que con aires positivos espero encontrar antídotos.

martes, 17 de febrero de 2009

Cien Globos Rojos

Tuve que dormir una hora más a la fuerza para despertarme con cien globos rojos dándome la bienvenida. La noche anterior, fue comprensivo, respetuoso, inteligente. Me solicitaba con cariño que no le mintiese, que le dejase de mentir. Y, cuando yo me ofuscaba con historias del pasado o con sus mentiras antiguas-otras realidades- él inventó un ritual para apartarlas. 4,58; 4,59… besos, besos. 4,58; 4,59 besos, besos… Esa noche me dijo que quería más, que quería mucho más. Al día siguiente, me despertaron cien globos rojos. Fue el gesto más romántico que me han ofrecido en la vida.

Era 14 de febrero y me regaló cien globos rojos. Ese día nos quisimos mucho, nos comprendimos, fuimos juntos, como una piña, políticamente incorrectos- con mucha razón-. Me cuido, me beso, me amo y me pidió olvidarnos del antes y comenzar el ahora. La noche anterior me solicitó que no le mintiese más, que le contase las cosas. Le dije que lo intentaría. Tuvimos muchos 4,58; 4,59…besos, besos…

El domingo fue perfecto. Estuvimos juntos y acompañados. Hablamos del significado y la diferencia del amor y el querer; de ser amante y ser amado. Él se describió como el amante y a mí, como la amada. Lo aceptó de buena gana y eso significaba mucho viniendo de él. Esa noche volvimos a su casa, mi casa, nuestra casa, juntos, en paz. Charlamos y me cuido mi resfriado. 4,58; 4,59..besos..besos…

Y al día siguiente lo estropee todo. Él no quiere explicaciones abstractas, sólo pide que no le mienta. Y le mentí. Curioso, con personas que no piden sinceridad, luzco una sinceridad cruel y alguien a quien amo, me lo suplica, y soy incapaz de darle sinceridad cruel. Le mentí. Sé por qué: no quería decirle que algo que leí me hizo escribir.

Hace tiempo, sucedió algo que forma parte de ese antes que quería que olvidase. Ese algo me hizo sufrir. Sufrí muchísimo. En el ahora, yo he hecho algo que le hace sufrir a él. Sufre muchísimo. Esto me parece mucho más doloroso que la amargura que yo sentí en ese antes. Hubiese preferido volver a ser yo la dolida. Esto me desgarra más todavía porque soy la culpable. Porque él lo hizo bien, se comprometió y lo hizo bien.

Y ahora yo no tengo nada que hacer. Lo que intentaré será aprender a no mentir, aunque muestre una cruel sinceridad. Y a ver si algún día tengo una oportunidad de hablar de lo aprendido.

Hoy he sido sinceramente cruel con un amigo que me quiere enamorar. Le he dicho que mi lagartija siempre será mi debilidad. Hubo una vez en ese antes que pensaba que siempre le echaría de menos. Hoy tengo el convencimiento de que siempre me arrepentiré de esa mentira.

Hoy he recogido unos documentos. Una de mis verdades. Le dije que le amo, que me parece más que querer, ya que implica deseo. Otra de mis verdades

Espero algún día poder hablar de Quiero Globos Rojos Segunda Parte

Cuando aprenda, le llamaré

miércoles, 11 de febrero de 2009

Expectativas

Quiero ser feliz, quiero que me cuiden, que me mimen.
En realidad,me siento feliz, cuidada y mimada, pero tengo una presión en el pecho que no me deja casi respirar. ¿Será el amor que siento?, o que siento que no habrá amor.

Todo se complica, se complica todo.
Con lo fácil qué sería, sería fácil si no se pensara tanto, si no se meditara tanto y no se tuviese que tomar decisiones. O pensar y no tomarlas, quedarme como estoy.
Pero, ¿me sirve de algo? ¿será peor? ¿me dolerá más?...

***Enviado por una buscadora

lunes, 9 de febrero de 2009

Un email cualquiera

Hola mi amor:

Al final me vine caminando. Está a dos pasos y tengo mono de mis caminatas. He subido por López de Hoyos y me he ido directa al super. Finalmente, de postre tenemos fresas con nata.

En el super, cuando estaba en la caja, vino una señora que sin apuros e interrumpiendo el movimiento mecánico de la cajera de pasar los artículos por la lucecita roja, comenzó a parlotear con ella sin parar. Le solicitaba o, le exigía, que le devolviese el dinero de un paquete-creo que de arroz- porque le faltaban cincuenta céntimos para un medicamento de su hija.
- "Es que han subido el medicamento y me faltan cincuenta céntimos, hazme el favor y devuélveme esto". La señora ignoraba totalmente que la cajera estaba ocupada y que, a su vez, ésta le ignoraba a ella totalmente. Aún así, la señora seguía hablando sin parar, justificando su necesidad de rescatar sus cincuenta céntimos. En eso, que vio mis fresas y de repente le apetecieron fresas.

-"No están de oferta. ¿NO?
-"Sí, señora..."- le contesto.
- Hui! ¿Y a qué precio?
- Uno, cincuenta..
- Vaya ahora van y me ponen las fresas de oferta. Mira que son...

La cajera aparcó su silencio mecánico y contesto: " Nosotros cada día tenemos algo de oferta". Pensé, vaya ya se siente parte del supermercado. Uffff…

La señora se metió dentro del super mientras continuaba parloteando. Supongo que iba a comprobar por sí misma el precio de las fresas. No tardó mucho en volver para atacar nuevamente a la cajera, en busca de sus cincuenta céntimos.

Ya recogiendo mis dos bolsas y alejándome de la caja, me pareció oír a la señora decir: “A qué la niña se va a la mierda con su medicamento y compro las fresas”.

También he comprado sal de frutas y sal fina para tu cocina. Un bote mediano. Es que con tu salero no mido bien la cantidad a la hora de cocinar.

Y ya ves...Me entretengo contándote batallitas inútiles y no estoy a lo que tengo que estar.

Voy a ello. Un beso mi amor. Procura tener un buen día y reírte mucho, que yo busco algo para las arrugas.

Mi amor, mi amor, mi amor

viernes, 6 de febrero de 2009

Remember


“Estimada Cristina: Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario (…)(…) y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.
Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme alteléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR:- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.- La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:- Los silencios.- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.- El sabor acre de los insultos y reproches.- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.- Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.- Jorge y Cecilia… Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:… objetos. Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (…….) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento. Afectuosamente, Roberto.”
Relato escrito por Susana López Rubio.
Carta Ganadora del III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor.

jueves, 5 de febrero de 2009

Quiero globos rojos

Estaba mirando la tele. No viéndola. Sólo mirando la tele, mientras me entretenía con mis dedos. Y, de repente me di cuenta de lo que me pasaba. Es el miedo, el miedo me tiene atada. He apagado la tele, me he hecho un té, he puesto música y he decidido acabar con el miedo.

Tenemos la falsa creencia de pensar que cuando muestras tu interior a alguien lo que enseñas es debilidad. Creo que lo relacionamos con cobardía. No, hoy lo he visto claro. Debilidad es no mostrar. Lo que me acobardaba era hablar. Así que he decidido enfrentarme a mi miedo, que es mostrarte más de lo que debo. Ese es uno de mis miedos. Pues al carajo con él.

Un inciso: Tú también me das mala suerte. Se me acaba de caer el té en el teclado y me ha venido una retahíla de momentos de mala suerte: sólo quería un polvo y me engancho emocionalmente; me gustaba mi vida y ahora me la planteo toda; tenía dinero ahorrado y ya me estoy quedando sin un duro; no mentía- o no mucho y no me preocupaban esas pequeñas trolas- y ahora soy una mentirosa compulsiva; tenía equilibrio y ahora soy una loca desenfrenada; tenía una cara estupenda y ahora me salen granos y engordo. Definitivamente, tú también me das mala suerte. Pero, mucha, mucha vida.

A lo que iba. Este miedo me tiene paralizada. Así que vamos a enfrentarnos a él: Quiero globos rojos, quiero flores; quiero amor; quiero locura por mí; quiero deseo; quiero risas y llantos; quiero que me cuides con un resfriado; quiero que me consueles cuando se me caiga el mundo; quiero amarte; quiero que vengas; quiero que te vuelvas loco; quiero que me quieras; quiero gritos; quiero cabreos; quiero perdones; quiero que me eches de menos; quiero orgasmos; quiero que des pasos.

No te equivoques, no te estoy pidiendo nada, porque lo que no quiero es pedirte algo. Sólo estoy acabando con mi miedo para sentirme libre. No quiero sentir miedo a decirte algo inoportuno por si tu reacción es la de alejarse o aún peor, la de sentir desinterés. Eso me esclaviza.

Sé que es retorcido, pero soltándolo todo me libero y doy pasos enormes, de dieciocho añitos me sitúo en los que me corresponden, mis buenos y bien vividos treinta y cuatro. Y así dejo de sentir miedo.

L., vuelves a ser valiente. Y, lo que es mejor, impredecible. Que me encanta.

Y ahora baja cuatro escalones; sube siete, haz lo que quieras, controla, libérate. Pero yo, mi estupenda lagartija, me rescato, pongo mis hormonas en remojo y sigo caminando.

Ya soy libre.

Besos mi querida y déspota lagartija.

PD: Sé que lo que acabo de hacer está prohibido por las reglas de los juegos estos entre machos y hembras. Pero a mí nunca me han gustado las reglas.


L. Madrid empezó en esta época...